Consternado se
encontraba el que abatido por los vientos volar intentó,
más no con alas pero sí con esperanza, emprendió
vuelo a la más alta nube
y con el último halo, primera inspiración solar,
penúltima expiración lunar,
suicidose desde los blancos cielos, hacia el
vacío de su niñez, consternado y abatido
por las negras sombras del adulterio, navajas
del alma, ojos sangrantes
heridas que nunca se
cierran, cicatrices que sirven para recordar el dolor.
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