Se humedece la ventana bajo el famélico
invierno,
dibujando tu nostálgico estar que aún no
se va,
¡Fuera! ¡Vete! ¡Lárgate! Déjame soñar,
no me dejes dormir.
Se van las golondrinas y las crisálidas
ya no se abren.
No esta vez, no como aquel volcánico
beso de Diciembre.
Prudente jazmín que brotas en el hogar
de las hortensias,
desvalida, sola y sin más puro llanto
que el tocar, brotas,
hacia lo alto, colorida, con refulgencia
y llamativa, dominas.
Mi mejor flor, sin sol y sin alimentos,
con voluntad y vida,
me mata pero sin dejarme nacer,
experiencias del el Edén en compañía de
las hijas de Héspero.