En la vorágine de todo
sentido, en el hecatombe de todo lo vivo en mí,
en la masacre de todo lo que ha
vivido en ti,
en el apoteósico último acto de la escena de nuestras vidas,
ahí,
es cuando nos damos la manos y se lo agradecemos al público,
mientras ellos
gritan casi sin voz "Excelente Obra, Maravilloso espectáculo"
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