Tornándose el negro en verde, y regresando al argé del latir,
retorna la última letra griega, al comienzo del alfabeto,
llanto inconsciente de omega, al verse renacido en Alfa,
Barreras del fluir del alma, se ahogan en un furioso lago en
calma,
confúndase el marrón cielo con el azul tierra del foso de mi
ser,
que lloren los ángeles, que rian los demonios, al margen los
Dioses.
Herrero de mi destino me nombro, forjador de mí hielo y fuego en
la fragua de mi panteón.
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