viernes, 10 de febrero de 2012

Nuestro cuestionable Inframundo


Rey del océano, reina de sus cielos, príncipe de mis tierras,
vástago de la muchedumbre, bufón de la corte plebeya,
ofrendad al dios castigador del sol, al redentor de la luna
más allá del bien y del mal, a ojos de la ciega balanza,
ajusticiad ésta alma pagana que Caronte dejó atrás en mi barca.

Prometedle una caja llena de humilde oro, de generosas joyas,
llamadla Pandora para que así su hambre sacie,
que la abra al silencio fúnebre de la Lira de Orfeo, póstuma sinfonía
elevad anclas en el último círculo, blanco y antártico, sin vida, sin energía,
dónde los traidores yacen bajo el pozo de Judas, sin agua, sin almas.

Sin apenas dudas.

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