lunes, 20 de febrero de 2012

A Tres voces.


Silvestre, errante, alzaba su camino el lúgubre caballero por la senda de los pinos,
merodeando pues, no más lejos de allí, bajo un viejo olmo, descubrió un cofre,
rodeado de pequeñas ardillas, revoloteando sobre él, vigorosas golondrinas,
tallado estaba en mármol, zafiros incrustados en el cerrojo mis ojos me mostraban,
no olía a vieja astilla ¡Tampoco a madera roída! ¿Estaba hechizado ese cofre?
La importancia decidió agarrar al caballero, y postrarlo ante la caja de sorpresas.

- ¿Qué eres, quién eres? ¿Qué te hizo, cómo te trajeron, de dónde vienes? -

El cofre se abrió y de su interior, vociferando con timbre de fémina, susurró:

- ¿Qué eres, quién eres? ¿Qué te hizo, cómo te trajeron, de dónde vienes? -

El Caballero cayose hacia atrás e intentó desenvainar inútilmente su espada.

- ¿Qué eres, quién eres? ¿Qué te hizo, cómo hablas de dónde vienes? -

Predecible, pero sorprendente, repitió las temblorosas palabras del Caballero:

- ¿Qué eres, quién eres? ¿Qué te hizo, cómo hablas de dónde vienes? -

El Caballero, reflexionando, montó en su blanco caballo y volvióse por la senda,
él ya lo había comprendido todo, no hacía falta más, fantasioso pero cierto,
aquellos niños mudos del pueblo anterior, se sorprendieron al oír al caballero,
nunca antes habían escuchado el sonido de una voz humana.

Quizás lo único que le hacía falta al caballero, era abrir sus fronteras,
saber lo que tus ojos ven, o lo que tus oídos escuchan, puede que no sea lo único.

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