CRÓNICAS DE UNA MANZANA PODRIDA
Sus ojos vacuos no
paraban de hablarme, envuelta en una sábana, bañada en un intenso color rojo
[Todavía está fresca] yacía el cadáver de mi madre, alguien que dio a luz a una
preciosa chiquilla de caballeros rizados dorados y labios cual carmín y con los
ojos negros de la noche ¡Aunque eso son historias sin importancia! Bueno, para
mí sí, pero no para los veinte cadáveres que están escondidos en mi precioso
hogar [Nunca llegué a sacar a Doggy del Microondas ¡MIERDA!] (Sonríe
entrecortadamente) ¿¡Qué, qué dices!? Nadie me obligó a hacerlo, pero ella, si…
ella, mi amada, mi cómplice ¡ella! Fue la que siempre estuvo conmigo, mi
apreciada manta rosada de ositos con corazones que siempre mis clientes la
invitaban a beber ¡SUCIOS, Insolentes que osan tocar a mi bella Priscila!
A todos los lectores y
oyentes que se atrevan a violar la portada o contraportada de este diario, les
aseguro que no saldrán con vida, aunque bueno… no debo alardear de ello ya que
si están leyendo esto, ya estaré a unos pocos metros bajo tierra ¡Pocos! Los
suficientes como para sacar la mano y arrancarte el corazón ¡Quiero uno! No
estoy sola, no os preocupéis ¡Qué no, he dicho! Priscila está conmigo, y con
ella, la tinta con la que escribí todo éste diario.
A los valientes que
abran la caja de pandora, disfrutarán macabramente imaginando los escenarios,
mi técnica, mi herramienta, mi dulce sonrisa carmín, todos probaréis de mi
fruto prohibido ¡LOCOS, ESTÁIS TODOS LOCOS!
Os prohíbo leer esto
pero os invito a la tentación de leer la crónicas de una manzana podrida… mi
nombre es Eva… Eva Saint Michelle y esta es mi autobiografía que encierra a la
de veinte personas más.
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